jueves, 11 de diciembre de 2008

De como acabar un día malo

No he mencionado que he tenido que cambiar de trabajo. Vamos, que me han echado de un curro y he tenido que buscar otro, un poco a la desesperada.
Pero hay cosas que no cambian: los malos días.
El mal día suele empezar bien. Descubres que no hay mucho trabajo. Tiene que entrar una cosa superurgentedelamuertequetienequesestarparanteayersinoseacabaelmundo, pero no entra. Ahí, empiezas a sospechar. El día se está empezando a fastidiar. Te pasas toooda la mañana mirando al techo (o a los foros, lo mismo da). Pero en el fondo sabes que lo que te va a llegar va a ser una bomba, que no lo sería si te dieran más tiempo, pero lamentablemente no puedes hacer nada.
Cuando quedan 5 minutos para la hora de la comida, entra. Ahí tienes el marrón, calentito, en tu mesa. Yo en mi nuevo trabajo tengo 2 horas para comer. Comí en media y me puse a trabajar. Aún así no conseguí tenerlo todo a la hora de salir y tuve que quedarme otra media hora extra: 2 horas de mi tiempo libre que nunca recuperaré ni que me serán compensadas (ni siquiera un gracias). Añadele esto a una jefa que viene cada 10 minutos para saber que tal va, y que te deja caer que corre prisa y una noche en la que apenas has dormido no sabe ni Dios porqué.
Por fin sales del trabajo. Eres de esas personas que vive donde Cristo perdió el mechero. Atasco en la carretera y anuncian porla megafonia de la estación de autobuses q hay retraso en el servicio (que raro). Así que, yo por lo menos, opté por el plan B: el tren.
Llegué hace tiempo a la conclusión de que en Cercanías, todos los días son fiesta. Y este día, no iba a ser una excepción: 20 minutos esperando en el andén, con un frío del copón, cabreada con mi trabajo y con el mundo laboral en general, cansada y sin medio para llegar a casa. Hasta se me saltaban las lágrimas de la rabia que me daba, cuando le contaba todo a Peluchito.
Por fin llegó el tren. No se si he mencionado que me encantan los niños pequeños. Pues lo digo ahora, me encantan. Y en el vagón había una nena simpatiquisíma de dos años, que al ver que la miraba me dedicó toda su atención y acabó jugando conmigo todo el trayecto, cosa que me relajó muchisimo.
Esa noche me acosté pronto, esperando que el proximo mal día tardase en venir (y pensando q la cría era una ricura ^^)

Conclusiones de Sopita Seca:
- Si sospechas que te va a caer un marrón, te caerá. Te pongas como te pongas.
- El transporte público es un timo. Cada vez más caro y cada vez un peor servicio. Ojalá pudiera coger a cochecito para venir a trabajar. Pero la conciencia ecológica que me dejó la serie "Capitán planeta" y mi negación a comerme 2 horas de atasco ida y 2 vuelta y mi absoulto rechazo a los parquímetros, hace que cochecito se quede en casita.
- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGGGGGG!!!!!

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